Primer discurso del presidente Trump ante el Congreso

El presidente Trump pronunció su primer discurso ante una sesión conjunta del Congreso el 28 de febrero. A continuación una traducción del discurso.

[Comienza el texto]

EL PRESIDENTE: Sr. portavoz, Sr. vicepresidente, miembros del Congreso, primera dama de Estados Unidos y ciudadanos estadounidenses:

Esta noche, al finalizar nuestra celebración del Mes de la Historia Afroestadounidense, recordamos el camino recorrido por nuestra nación en la lucha por los derechos civiles y el trabajo que todavía queda por delante. Las amenazas recientes contra Centros de la Comunidad Judía y los actos de vandalismo en cementerios judíos, así como la agresión armada ocurrida la semana pasada en la ciudad de Kansas, son un recordatorio de que si bien nuestra nación está dividida en cuanto a las políticas, somos un país unido por el repudio al odio y el mal en todas sus formas.

Cada generación estadounidense se va pasando la antorcha de la verdad, la libertad y la justicia, formando una cadena ininterrumpida que se extiende hasta el presente. Esa antorcha ahora está en nuestras manos. Y la usaremos para iluminar al mundo. Estoy aquí esta noche para dar un mensaje de unidad y fortaleza, y es un mensaje que transmito desde lo más profundo de mi corazón. Estamos empezando un nuevo capítulo de la grandeza de Estados Unidos. Un renovado orgullo nacional se extiende por nuestra nación. Y el creciente optimismo está haciendo que sueños otrora imposibles ahora estén a nuestro alcance.

Lo que estamos presenciando hoy es la renovación del espíritu de Estados Unidos. Nuestros aliados verán que Estados Unidos está otra vez listo para liderar. Todas las naciones del mundo, amigas o enemigas, hallarán que Estados Unidos es fuerte, que Estados Unidos está orgulloso y que Estados Unidos es libre.

En nueve años, Estados Unidos celebrará el 250° aniversario de nuestra fundación, 250 años desde que declaramos nuestra Independencia. Será uno de los mayores hitos en la historia mundial. ¿Pero cómo se verá Estados Unidos cuando lleguemos a nuestro 250° año? ¿Qué tipo de país dejaremos a nuestros hijos?

No permitiré que los errores de las últimas décadas determinen el rumbo de nuestro futuro. Durante demasiado tiempo, hemos observado cómo la clase media se reducía a la vez que exportábamos nuestros puestos de trabajo y nuestra riqueza a países extranjeros. Hemos financiado y construido un proyecto mundial tras otro, pero no hemos tomado en cuenta el porvenir de nuestros niños en las ciudades en el interior del país, como Chicago, Baltimore, Detroit… y muchos otros sitios en nuestro territorio.

Hemos defendido las fronteras de otras naciones, y hemos dejado las nuestras completamente abiertas, para que cualquiera pueda cruzarlas… y para que las drogas ingresen a nuestro territorio a un ritmo hoy sin precedentes. Y hemos gastado billones de dólares en el extranjero, mientras nuestra propia infraestructura se desmorona.

Entonces, en 2016, la tierra tembló bajo nuestros pies. La rebelión comenzó como una callada protesta, expresada por familias de todos los colores y credos; lo único que pretendían estas familias era una oportunidad justa para sus hijos, y que se escucharan sus inquietudes.

Pero luego las voces se alzaron en coro, y miles de ciudadanos empezaron a expresarse juntos, en ciudades grandes y pequeñas de todo el país. Finalmente, el coro se convirtió en terremoto y las personas se fueron sumando por decenas de millones, unidas por un reclamo muy simple, pero crucial: que Estados Unidos vuelva a poner en primer lugar a sus propios ciudadanos… porque solo entonces podremos lograr realmente que Estados Unidos vuelva a ser un gran país.

Las industrias agonizantes renacerán. Nuestros héroes que combatieron en guerras obtendrán la atención que desesperadamente necesitan. Nuestras fuerzas militares recibirán los recursos que tanto merecen sus valerosos combatientes. La infraestructura en ruinas será reemplazada por nuevas carreteras, puentes, túneles, aeropuertos y vías de ferrocarril que relucirán a lo largo y ancho de nuestro magnífico territorio. La nefasta epidemia de drogas empecerá a mermar y finalmente, se detendrá. Y nuestras ciudades olvidadas en el interior verán un resurgimiento de esperanza, seguridad y oportunidad. Por sobre todo, mantendremos nuestras promesas al pueblo estadounidense.

Ha pasado poco más de un mes desde que asumí la presidencia, y quisiera aprovechar este momento para informar a la nación sobre los avances que he conseguido con respecto a esas promesas.

Desde mi elección, Ford, Fiat-Chrysler, General Motors, Sprint, Softbank, Lockheed, Intel, Walmart y muchos otros más han anunciado que invertirán miles de millones de dólares en Estados Unidos y crearán decenas de miles de nuevos empleos para los estadounidenses.

El mercado de valores ha incrementado en más de tres billones de dólares su valor desde la elección del 8 de noviembre, un récord. Hemos ahorrado a los contribuyentes cientos de millones de dólares bajando el precio del nuevo e increíble caza F-35, y ahorraremos otros miles de millones de dólares en contratos de todas las áreas de nuestro gobierno. Hemos frenado las contrataciones de empleados federales que no estén relacionadas con áreas militares o esenciales.

Hemos empezado a dragar el pantano de corrupción gubernamental, prohibiendo por cinco años que los funcionarios del poder ejecutivo realicen actividades de cabildeo, y prohibiendo de por vida que puedan cabildear en representación de gobiernos extranjeros.

Hemos puesto en marcha una iniciativa histórica para reducir en forma masiva las reglamentaciones que destruyen el empleo, creando un equipo de trabajo de desregulación dentro de cada organismo gubernamental; aplicando una nueva norma que exige que por cada nueva reglamentación, se eliminen dos anteriores; y poniendo freno a una reglamentación que amenaza el futuro y los medios de subsistencia de nuestros importantísimos trabajadores del sector de la minería de carbón.

Hemos eliminado los obstáculos para la construcción de los oleoductos de Keystone y Dakota, con la consiguiente creación de decenas de miles de empleos, y hemos emitido una nueva directiva que establece que los próximos oleoductos deberán ser de acero estadounidense.

Hemos retirado a Estados Unidos del Acuerdo Transpacífico, que aniquilaba los empleos. Y con la ayuda del primer ministro Justin Trudeau, hemos formado un consejo con nuestros vecinos en Canadá para ayudar a garantizar que las mujeres emprendedoras tengan acceso a las redes de contactos, mercados y capital que necesitan para abrir un negocio y alcanzar sus aspiraciones financieras.

Para proteger a nuestros ciudadanos, he ordenado al Departamento de Justicia formar un grupo de trabajo para reducir el crimen violento. Además, he ordenado a los departamentos de Seguridad Nacional y de Justicia, junto con el Departamento de Estado y el director de Inteligencia Nacional, que coordinen una estrategia agresiva para desmantelar los carteles criminales que se han expandido por toda nuestra nación. Detendremos la llegada de drogas a nuestro país y el envenenamiento de nuestros jóvenes, y expandiremos el tratamiento para aquellos que se han vuelto seriamente adictos.

Al mismo tiempo,  mi administración ha respondido a las súplicas del pueblo estadounidense para aplicar las leyes de inmigración y la seguridad fronteriza. Al hacer cumplir nuestras leyes de inmigración, aumentaremos los salarios, ayudaremos a los desempleados, ahorraremos miles y miles de millones de dólares y haremos que nuestras comunidades sean más seguras para todos. Queremos que todos los estadounidenses tengan éxito, pero eso no puede suceder en un entorno de caos sin ley. Debemos restablecer la integridad y el estado de derecho en nuestras fronteras.

Por esa razón, pronto comenzaremos la construcción de un gran, gran muro a lo largo de nuestra frontera sur. Comenzará antes de lo previsto y, cuando esté terminado, será un arma efectiva contra las drogas y el crimen. En este preciso momento, estamos expulsando a miembros de pandillas, narcotraficantes y criminales que amenazan a nuestras comunidades y victimizan a nuestros ciudadanos. A medida que me dirijo a ustedes esta noche, los malos se están yendo, tal como prometí que sucedería.

A cualquier miembro del Congreso que crea que no deberíamos aplicar nuestras leyes, le haría la siguiente pregunta: ¿qué le diría a las familias estadounidenses que pierden su empleo, sus ingresos o a un ser querido porque Estados Unidos se negó a aplicar sus leyes y defender sus fronteras?

Nuestra obligación es servir, proteger y defender a los ciudadanos de Estados Unidos. Asimismo, estamos tomando medidas enérgicas para proteger a nuestra nación del terrorismo radical islámico. De acuerdo a datos proporcionados por el Departamento de Justicia, la vasta mayoría de individuos sentenciados por terrorismo y delitos relacionados con el terrorismo desde el 11 de septiembre, llegaron a nuestro país desde el exterior. Hemos vistos esos ataques en nuestro país, desde Boston a San Bernardino hasta el Pentágono y sí, incluso en el Centro Mundial de Comercio.

Hemos visto los ataques en Francia, en Bélgica, en Alemania y por todo el mundo. No es compasivo, sino imprudente, permitir el ingreso sin control desde lugares donde no se pueda realizar una investigación adecuada. Aquellos a quienes se les concede el alto honor de ser admitidos en Estados Unidos deben apoyar a este país y amar a su pueblo y sus valores. No podemos permitir que se establezca un enclave terrorista dentro de Estados Unidos, no podemos permitir que nuestra nación se convierta en santuario de extremistas.

Es por ello que mi administración ha estado trabajando para mejorar los procedimientos de investigación, y dentro de poco tomaremos nuevas medidas para mantener segura a nuestra nación, y mantener alejados a aquellos que quieran hacernos daño.

Como prometí, he ordenado al Departamento de Defensa que elabore un plan para demoler y destruir a ISIL – una red de salvajes sin ley que han masacrado a musulmanes y cristianos, a hombres y mujeres y niños de todos los credos y creencias. Trabajaremos con nuestros aliados, incluyendo a nuestros amigos y aliados en el mundo musulmán, para extinguir de nuestro planeta a este enemigo vil.

También he impuesto nuevas sanciones a las entidades e individuos que apoyan el programa de misiles balísticos de Irán, y reiterado nuestra inquebrantable alianza con el Estado de Israel.

Por último, he mantenido mi promesa de designar a un juez para la Corte Suprema de Estados Unidos, de mi lista de 20 jueces, que defenderá nuestra Constitución.

Es para mí un honor contar con la presencia de Maureen Scalia entre nosotros esta noche. Su difunto esposo, Antonin Scalia, será por siempre un símbolo de la justicia estadounidense. Para ocupar su lugar, hemos elegido al juez Neil Gorsuch, un hombre de extraordinario talento y compromiso absoluto con la ley. Fue confirmado por unanimidad ante el Tribunal de Apelaciones, y le pido al Senado que apruebe con celeridad su designación.

Esta noche, a medida que expongo los siguientes pasos que debemos dar como país, debemos reconocer con honestidad las circunstancias que heredamos. Hay 94 millones de estadounidenses fuera del mercado laboral. Más de 43 millones de personas viven actualmente en la pobreza, y más de 43 millones de estadounidenses reciben cupones de alimentos. Más de una de cada cinco personas que están en lo que debería ser el período más productivo de su vida laboral, no están trabajando. Tenemos la peor recuperación financiera en 65 años. En los últimos 8 años, el gobierno anterior ha acumulado más deuda que casi todos los demás presidentes juntos.

Hemos perdido más de una cuarta parte de nuestros empleos en manufactura desde que se aprobó el TLCAN, y hemos perdido 60.000 fábricas desde que China ingresó a la Organización Mundial de Comercio en 2001. Nuestro déficit comercial en bienes con el mundo el año pasado fue de casi 800.000 millones de dólares. Y en el extranjero hemos heredado una serie de trágicos desastres en política exterior.

Resolver estos y tantos otros problemas apremiantes nos exigirá trabajar sin las diferencias de partido. Ello requerirá que recurramos al espíritu estadounidense que ha superado todo desafío a lo largo de nuestra larga y rica historia. Pero para alcanzar nuestras metas en el país y en el extranjero, debemos volver a arrancar la maquinaria de la economía estadounidense – haciendo más fácil que las compañías hagan negocios en Estados Unidos y, haciendo mucho, mucho más difícil que las compañías se vayan.

En este momento, las compañías estadounidenses pagan impuestos con una de las tasas más altas que en cualquier otro lugar del mundo. Mi equipo económico está trabajando en una reforma tributaria histórica que reducirá la tasa de impuestos que pagan nuestras empresas, a fin de que puedan competir y progresar contra todos los competidores y en cualquier lugar.

A su vez, ofreceremos una desgravación fiscal masiva a la clase media. Debemos crear igualdad de condiciones para las empresas y los trabajadores estadounidenses. Actualmente, cuando enviamos productos fuera de Estados Unidos, muchos otros países nos exigen pagar aranceles e impuestos sumamente elevados, pero cuando las empresas extranjeras envían su mercadería a Estados Unidos, no les cobramos prácticamente nada.

Acabo de reunirme con ejecutivos y trabajadores de una magnífica empresa estadounidense, Harley-Davidson. De hecho, han exhibido con orgullo cinco de sus extraordinarias motocicletas, fabricadas en Estados Unidos, en el jardín frente a la Casa Blanca.

Durante nuestra reunión, les pregunté: ¿Cómo les va? ¿Cómo van los negocios? Dijeron que las cosas están bien. Indagué acerca de cómo les va con otros países, principalmente en las ventas internacionales. Y me contestaron —sin siquiera quejarse, pues han recibido un trato injusto durante mucho tiempo y ya están acostumbrados a eso— que es muy difícil hacer negocios con otros países porque aplican impuestos sumamente elevados a nuestros productos. Comentaron el caso de un país que les aplicaba un impuesto del 100 por ciento a sus motocicletas. Y ni siquiera tenían reclamos por esto. Pero yo sí los tengo.

Yo creo firmemente en el libre comercio, pero también tiene que ser un comercio justo. El primer presidente republicano, Abraham Lincoln, advirtió que el “abandono de las políticas de protección por parte del gobierno estadounidense llevará al desasosiego y a la ruina entre nuestra población”. Lincoln tenía razón, y es hora de que prestemos atención a sus palabras. No voy a permitir que nadie más se aproveche de Estados Unidos y sus grandiosas empresas y trabajadores.

Voy a recuperar millones de empleos. Proteger a nuestros trabajadores también implica reformar nuestro sistema de inmigración legal. El sistema actual y obsoleto que tenemos hoy debilita los salarios de los trabajadores más pobres, y aplica una enorme presión a los contribuyentes. Naciones en todo el mundo, como Canadá, Australia y tantas otras, tienen un sistema de inmigración basado en mérito. Es un principio básico en el que aquellos que quieran ingresar a un país deben de poder ser capaces de mantenerse a sí mismos financieramente. Sin embargo, en Estados Unidos no hacemos cumplir esta regla, malgastando los mismos recursos públicos de los cuales dependen nuestros ciudadanos más pobres. De acuerdo a la Academia Nacional de Ciencias, nuestro actual sistema de inmigración le cuesta a los contribuyentes estadounidenses muchos miles de millones de dólares cada año.

Al salirnos del actual sistema de inmigración de personas poco cualificadas, y en su lugar utilizar un sistema basado en mérito, obtendremos también muchos más beneficios: se ahorrará una incontable cantidad de dinero, se aumentarán los salarios de los trabajadores y se ayudará a las familias que enfrentan dificultades económicas –incluyendo a las familias inmigrantes– a que integren la clase media. Y lo harán rápidamente. Y, por supuesto, estarán muy, muy felices.

Yo considero que una inmigración real y positiva es posible, siempre y cuando nos enfoquemos en los siguientes objetivos: mejorar los empleos y los salarios para los estadounidenses, fortalecer la seguridad de nuestra nación y restablecer el respeto a nuestras leyes. Si buscamos el bienestar de los ciudadanos estadounidenses, entonces creo que los republicanos y los demócratas podrán trabajar juntos para lograr un resultado que no ha sido posible durante décadas.

Otro presidente republicano, Dwight D. Eisenhower, inició el último programa nacional de infraestructura verdaderamente importante: la construcción del sistema interestatal de autopistas. Ha llegado el momento de implementar un nuevo programa de reconstrucción nacional. Estados Unidos ha gastado cerca de seis billones de dólares en Oriente Medio, mientras la infraestructura de nuestro país se desmorona. Con estos seis billones de dólares podríamos haber reconstruido nuestro país, dos veces. E incluso tal vez tres veces, si tuviéramos personas con capacidad para negociar.

Para poner en marcha nuestra reconstrucción nacional, le pediré al Congreso que apruebe leyes que generen inversiones por 1 billón de dólares en infraestructura para Estados Unidos, financiadas con capitales tanto públicos como privados, lo cual creará millones de nuevos empleos. Esta iniciativa tendrá dos pautas principales: comprar lo estadounidense y contratar a estadounidenses.

Esta noche también insto al Congreso a derogar Obamacare y reemplazarlo con reformas que amplíen las opciones, aumenten el acceso, reduzcan los costos y, al mismo tiempo, brinden mejores servicios médicos.

Exigir que cada estadounidense contrate un seguro de salud aprobado por el gobierno nunca fue la solución adecuada para Estados Unidos. La forma de que el seguro de salud esté disponible para todos es reducir el costo del seguro de salud, y eso es lo que haremos.

Las primas de Obamacare en todo el país han aumentado en una proporción de dos y tres dígitos. Por ejemplo, Arizona aumentó más del 116 por ciento tan solo en el último año. El gobernador Matt Bevin de Kentucky acaba de decir que Obamacare no está funcionando en su estado; es insostenible y está colapsando.

En un tercio de los condados hay solamente una aseguradora en el mercado, y esto hace que bastantes estadounidenses no tengan ninguna alternativa. ¿Recuerdan cuando les dijeron que podrían mantener a su médico y a su plan? Ahora sabemos que todas esas promesas no se han cumplido. Obamacare está colapsando, y debemos actuar con determinación para proteger a todos los estadounidenses.

Actuar no es una opción, sino una necesidad. Por ello, pido a todos los demócratas y republicanos en el Congreso que trabajen con nosotros para salvar a los estadounidenses del colapso de Obamacare.

Estos son los principios que deben guiar al Congreso a medida que avancemos en la creación de un mejor sistema de salud para todos los estadounidenses:

En primer lugar, debemos asegurarnos de que los estadounidenses con afecciones preexistentes tengan acceso a cobertura, y que se produzca una transición estable para los estadounidenses que actualmente están inscriptos en los mercados de seguros de salud.

En segundo lugar, debemos ayudar a los estadounidenses a contratar su propia cobertura, mediante créditos fiscales y la ampliación de cuentas de ahorros para gastos médicos; pero debe ser el plan que ellos deseen y no un plan que les imponga el gobierno.

En tercer lugar, debemos darles a nuestros excelentes gobernadores de los estados los recursos y la flexibilidad que necesitan con Medicaid para garantizar que nadie quede afuera.

En cuarto lugar, debemos implementar reformas legales que protejan a pacientes y médicos de los costos innecesarios que elevan el precio del seguro, y trabajar para frenar el aumento artificial del precio de los medicamentos y reducirlo de inmediato.

Por último, ha llegado el momento de dar a los estadounidenses la libertad de contratar seguros de salud afuera de sus estados, lo que creará un mercado nacional realmente competitivo que reducirá los costos y proporcionará una atención mucho mejor.

Todo lo que está roto en nuestro país puede repararse. Todos los problemas pueden resolverse. Y todas las familias perjudicadas pueden encontrar alivio y esperanza.

Nuestros ciudadanos merecen esto y mucho más; entonces, ¿por qué no aunamos fuerzas para que esto finalmente ocurra? En este y en muchos otros temas, los demócratas y los republicanos debemos juntarnos y unirnos por el bien de nuestro país, y por el bien de los estadounidenses.

Mi gobierno desea trabajar con los miembros de ambos partidos para que el cuidado de niños sea accesible y asequible, para contribuir a que quienes se convierten en padres reciban una licencia para ausentarse del trabajo que sea remunerada por motivos familiares, para invertir en la salud de la mujer, para promover acciones en pos de aire puro y agua limpia, y para reconstruir nuestras fuerzas militares y nuestra infraestructura.

El amor genuino por nuestra gente requiere que encontremos un común denominador, que fomentemos el bien común y que cooperemos en beneficio de cada niño estadounidense que merece un futuro mejor. Esta noche está con nosotros una extraordinaria joven que debe servirnos de inspiración a todos. Hoy es el Día de las Enfermedades Raras, y nos acompaña en la sala Megan Crowley, que ha sobrevivido a una enfermedad rara.

A Megan le diagnosticaron la enfermedad de Pompe, una afección grave poco común, cuando tenía 15 meses de edad. Su esperanza de vida no superaba los 5 años. Al recibir esta noticia, su padre, John, luchó por todos sus medios para salvar la vida de su amada hija. Fundó una empresa para intentar encontrar una cura, y ayudó a desarrollar el medicamento que salvó la vida de Megan. Hoy tiene 20 años y es estudiante de segundo año en Notre Dame.

La historia de Megan trata del poder infinito del amor de un padre por su hija. Pero nuestro lento y burocrático proceso de aprobación en la Administración de Alimentos y Fármacos impide que muchos adelantos, como el que le salvó la vida a Megan, lleguen a quienes los necesitan. Si eliminamos las restricciones, no solo en la FDA sino también en nuestro gobierno, seremos bendecidos con muchos más milagros como el de Megan. De hecho, nuestros niños crecerán en una nación de milagros.

Pero para alcanzar este futuro, debemos enriquecer la mente —y el alma— de cada niño estadounidense. La educación es el gran tema de derechos civiles de nuestra época. Insto a los miembros de ambos partidos a aprobar un proyecto de ley de educación que financie la posibilidad de elección de escuelas a jóvenes en situación de desventaja, incluidos millones de niños afroestadounidenses y latinos. Estas familias deberían tener la libertad de elegir la escuela pública, privada, semiautónoma, especializada, religiosa o la escolarización en el hogar que sea adecuada para ellas.

Esta noche nos acompaña en la sala una mujer extraordinaria, Denisha Merriweather. De niña, Denisha tenía dificultades en la escuela y reprobó tercer grado dos veces. Pero luego pudo inscribirse en un centro privado de aprendizaje, con la ayuda de un programa de becas con crédito fiscal.

Hoy, es la primera integrante de su familia en graduarse, no solo de la escuela secundaria, sino también de la universidad. Más adelante durante este año, obtendría su maestría en trabajo social. Queremos que todos los niños puedan terminar con el ciclo de pobreza, como lo hizo Denisha.

Pero para interrumpir el ciclo de pobreza, también debemos terminar con el ciclo de violencia. La tasa de homicidios en 2015 experimentó su mayor aumento en un solo año en casi medio siglo. En Chicago, más de 4.000 personas fueron baleadas tan solo en el último año; y la tasa de homicidios en lo que va del año es aún mayor. Esto no es aceptable en nuestra sociedad.

Cada niño estadounidense debería poder crecer en una comunidad segura, asistir a una excelente escuela y tener acceso a un trabajo bien remunerado. Pero para crear este futuro, debemos trabajar con los hombres y mujeres encargados de la aplicación de la ley, no contra ellos. Debemos tender puentes de colaboración y confianza, no abrir una brecha de ruptura y división.

Los policías y los alguaciles son miembros de nuestra comunidad. Son amigos y vecinos, son madres y padres, hijos e hijas, y todos los días dejan en casa a seres queridos que no tienen la certeza de si volverán sanos y salvos. Debemos apoyar a los excepcionales hombres y las mujeres de las instituciones de aplicación de la ley.

Y debemos apoyar a las víctimas de crímenes. He dado instrucciones al Departamento de Seguridad Nacional para crear una oficina que atienda a las víctimas estadounidenses. La oficina se llama VOICE: Oficina para las Víctimas de Crímenes de Inmigrantes (Victims Of Immigration Crime Engagement). Estamos proporcionando un espacio para escuchar a quienes han sido ignorados por nuestros medios de comunicación y silenciados por intereses especiales. Esta noche nos acompañan entre el público cuatro valerosos estadounidenses que han sido defraudados por su gobierno. Sus nombres son Jamiel Shaw, Susan Oliver, Jenna Oliver y Jessica Davis.

El hijo de 17 años de Jamiel fue asesinado brutalmente por un miembro de una banda de inmigrantes ilegales, que había sido liberado de prisión poco tiempo antes. Jamiel Shaw Jr. era un joven extraordinario y con un enorme potencial que se estaba preparando para ir a la universidad, donde se habría destacado como un excelente mariscal de campo. Pero nunca tuvo la oportunidad de hacerlo. Su padre, quien está entre el público esta noche, es ahora amigo mío.

También nos acompañan Susan Oliver y Jessica Davis. Sus esposos, el vicealguacil Danny Oliver y el detective Michael Davis, fueron asesinados en el cumplimiento de su deber en California. Estas personas eran pilares de su comunidad. Estos hombres valientes fueron asesinados despiadadamente por los disparos efectuados por un inmigrante ilegal que tenía antecedentes penales y había sido deportado en dos ocasiones.

Junto a Susan está su hija, Jenna. Tengo un mensaje para Jenna: quiero que sepas que tu padre fue un héroe, y que esta noche recibes el amor de todo un país que te apoya y reza por ti.

A Jamiel, Jenna, Susan y Jessica: quiero que sepan que nunca dejaremos de luchar por la justicia. Sus seres queridos nunca serán olvidados, siempre honraremos su memoria.

Por último, para mantener la seguridad en Estados Unidos, debemos darles a los hombres y mujeres de las fuerzas armadas de Estados Unidos las herramientas que necesitan para evitar la guerra y —cuando tengan que hacerlo— para combatir y ganar.

Estoy enviando al Congreso un presupuesto que reconstruye a las fuerzas militares, elimina el recorte de gastos de defensa y requiere uno de los mayores aumentos en el gasto de defensa nacional de la historia estadounidense. Mi presupuesto también aumentará los fondos para nuestros veteranos de guerra. Nuestros excombatientes han prestado servicio a esta nación, y ahora nosotros debemos estar a su servicio.

Los desafíos que enfrentamos como nación son grandes. Pero nuestro pueblo es aún más grande. Y nadie es más grande ni más valiente que los que luchan por Estados Unidos en las fuerzas militares.

Es una bendición que esta noche nos acompañe Carryn Owens, viuda de William “Ryan” Owens, alto jefe de las fuerzas especiales de la Armada de Estados Unidos. Ryan murió como vivió: como un guerrero y un héroe, combatiendo el terrorismo y velando por la seguridad de nuestra nación. Acabo de hablar con el General Mattis, quien volvió a confirmar que, según sus palabras textuales: “Ryan participó en una redada sumamente exitosa que permitió obtener un gran volumen de información de inteligencia clave que posibilitará muchas más victorias contra nuestros enemigos en el futuro”. El legado de Ryan está sellado para la eternidad.

Como enseña la Biblia, no hay un acto de amor más grande que dar la vida por los amigos. Ryan dio la vida por sus amigos, por su país y por nuestra libertad, y por eso nunca lo olvidaremos.

A los aliados que se preguntan qué tipo de amigo será Estados Unidos, les bastará con mirar a los héroes que visten nuestro uniforme. Nuestra política exterior exige un compromiso con el mundo que sea directo, sólido y significativo. Se trata del liderazgo estadounidense basado en los intereses fundamentales de seguridad que compartimos con nuestros aliados en todo el planeta.

Apoyamos firmemente a la OTAN, una alianza forjada  con los lazos de las dos guerras mundiales que destronaron al fascismo y de una Guerra Fría que derrotó al comunismo.

Pero nuestros socios deben cumplir sus obligaciones financieras. Y ahora, en base a nuestras firmes y francas conversaciones, ellos están comenzando a hacer justamente eso.  De hecho, puedo decirles que el dinero está llegando. Esperamos que nuestros socios, ya sea en la OTAN, en Oriente Medio o en el Pacífico, asuman un papel directo y significativo tanto en las operaciones estratégicas como en las militares, y que paguen su parte justa del costo. Tienen que hacerlo.

Respetaremos a las instituciones históricas, y hemos de respetar los derechos soberanos de las naciones, y ellas tienen también que respetar nuestros derechos como nación. Las naciones libres son el mejor medio para expresar la voluntad del pueblo, y Estados Unidos respeta el derecho de todas las naciones de determinar su propio camino. Mi trabajo no es representar al mundo. Mi trabajo es representar a los Estados Unidos de América.

Pero nosotros sabemos que Estados Unidos está mucho mejor cuando hay menos conflictos – no cuando hay más. Debemos aprender de los errores del pasado. Hemos presenciado la guerra y la destrucción que han devastado y causado estragos en todo nuestro mundo, en todo el mundo. La única solución a largo plazo para estos desastres humanitarios es crear las condiciones para que las personas desplazadas puedan retornar con seguridad a sus países y comenzar el largo, largo proceso de reconstrucción.

Estados Unidos está dispuesto conocer nuevos amigos y a forjar nuevas alianzas, donde los intereses compartidos estén alineados. Nosotros queremos armonía y estabilidad, no guerras ni conflictos. Nosotros queremos la paz, donde sea que pueda hallarse.

Estados Unidos es hoy amigo de antiguos enemigos. Décadas atrás, algunos de nuestros aliados más cercanos combatieron en lados opuestos de esas terribles guerras. Esa historia nos debe dar la confianza en la posibilidad de un mundo mejor.

Deseo que el 250° aniversario de Estados Unidos se cumpla en un contexto de mayor paz, justicia y libertad en el mundo.

En nuestro 100° aniversario, en 1876, ciudadanos de toda la nación acudieron a Filadelfia para celebrar el centenario de Estados Unidos. En esos festejos, numerosos constructores, artistas e inventores del país exhibieron sus creaciones. Alexander Graham Bell mostró su teléfono por primera vez. Remington presentó la primera máquina de escribir. Se hizo un primer intento de generar luz eléctrica. Thomas Edison mostró un telégrafo automático y un bolígrafo eléctrico. Imaginen las maravillas que nuestro país podría conocer en su 250° aniversario.

Piensen en las cosas increíbles que podremos lograr si simplemente damos rienda suelta a los sueños de nuestra población. Descubrir curas para enfermedades que nos han asolado desde siempre no es pedir demasiado. Soñar con dejar la huella de nuestro país en mundos remotos no es un sueño imposible. Sacar a millones de personas de la asistencia social e incorporarlas al mercado laboral no es esperar demasiado. Y tampoco es mucho pedir que haya calles donde las madres no tengan miedo, escuelas donde los niños aprendan en paz, y empleos que permitan a los estadounidenses prosperar y crecer.

Cuando tengamos todo esto, habremos hecho que Estados Unidos tenga más grandeza que nunca. Para todos los estadounidenses. Esta es nuestra visión. Esta es nuestra misión. Pero solo podemos lograrlo juntos. Somos un pueblo, con un destino. Por todos nosotros corre la misma sangre. Todos honramos la misma bandera. Todos fuimos hechos por el mismo Dios.

Y cuando concretemos esta visión, cuando celebremos nuestros 250 años de gloriosa libertad, recordaremos esta noche como el momento en que comenzó este nuevo capítulo de la grandeza de Estados Unidos. El tiempo de las ideas mezquinas ha terminado. Hemos dejado atrás el período de las peleas triviales. Solo necesitamos el coraje para compartir los sueños que llevamos en nuestros corazones. La valentía para expresar las esperanzas que enfervorizan nuestras almas. Y la confianza para llevar esas esperanzas y esos sueños a la práctica.

Desde ahora en adelante, Estados Unidos será fortalecido por nuestras aspiraciones, no agobiado por nuestros temores; inspirado por el futuro, no atado por los fracasos del pasado; y guiado por nuestra visión, no cegado por nuestras dudas.

Pido a todos los ciudadanos que se sumen a esta renovación del espíritu estadounidense. Pido a todos los miembros del Congreso que sueñen, igual que yo, con ambiciones grandes, audaces y osadas para nuestro país. Y les pido a todos aquellos que nos están viendo esta noche que no dejen pasar este momento y… Crean en ustedes mismos. Crean en su futuro. Y crean, una vez más, en Estados Unidos.

Muchas gracias, que Dios los bendiga, y que Dios bendiga a Estados Unidos.

[Termina el texto]

Fuente: ShareAmerica
Discurso Original: White House